La importancia del nombre propio

Dime tu nombre, dime quién eres. Es lo primero que preguntamos cuando conocemos a alguien, y así ha sido desde hace milenios. El nombre dice mucho de nosotros y de quienes nos lo han puesto, también de la sociedad, sus modas, historia y evolución.

Desde que el hombre y la mujer existen, existen los nombres. La necesidad, pero también el deseo, de ser y ser designado.Lo primero que se nos ocurre cuando conocemos a alguien es preguntarle cómo se llama, no importa la raza o la civilización. Dime tu nombre, dime quién eres.

Los que son padres pueden contar mucho de sus dudas a la hora de buscar el nombre propio. Porque el apellido es hereditario y ya se sabe, toca lo que toca, pero el nombre es de libre elección, nuestros hijos lo llevarán toda la vida y dirá mucho de ellos y de nosotros, tanto, que delatará nuestros gustos culturales y origen social y en algunos países tendrá un papel no desdeñable en sus perspectivas de futuro: para los británicos, los nombres más suertudos son Elizabeth o James, mientras que si te llamas Helen o John se espera que las cosas sólo te vayan relativamente bien (o relativamente mal, según cómo veamos el vaso); más aún, según un estudio publicado por la revista LiveScience y realizado por la Bloomberg University of Pennsylvania, cuando un Benjamin o una Alexandra llegan a la universidad en Estados Unidos tendrán muchas más posibilidades de que los tomen en serio que si se trata de un Justin o una Amber. La razón esgrimida es que las clases menos formadas culturalmente tienden más a seguir las modas impuestas por la televisión o el mundo del espectáculo, y los más cultos buscan nombres más “literarios” o singulares

Aquí dejamos esta reflexión sobre el nombre propio con una nota humorística de corte psicológico, no podía ser de otra manera, sobre un famoso personaje infantil.

pocoyo

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Acerca de juanchaconpsy

Psicólogo Clínico,Jurídico,Forense,Terapeuta Familiar,Psicoterapéuta,Criminólogo,Formador,Esp. RR.HH, Coach
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